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Glosario

Acidez

Nivel Intro Lectura 1min

La cualidad viva y luminosa de un café, la que te hace salivar: como la acidez de una manzana verde, de un cítrico o de un blanco seco. En el café de especialidad la acidez es una virtud, no un defecto. Es lo que separa una taza que sabe viva de una que sabe plana.

Viene de ácidos orgánicos —cítrico, málico, fosfórico, acético, láctico— que sobreviven al tueste y se disuelven en la bebida. Cada origen tira de un ácido distinto: Kenia es célebremente fosfórica (grosella negra, punta seca), Etiopía es cítrica y málica (limón, melocotón, jazmín) y los procesados naturales se van a lo láctico (yogur, fruta roja fermentada).

Cómo reconocer una buena acidez

La pista está en la respuesta de la boca. La acidez de verdad te hace salivar: reaccionan el fondo de la lengua y los laterales de la garganta. Hay luz, empuje, la sensación de que «la taza avanza». Es agradable, no punzante.

Se confunde con: astringencia (reseca y frunce; es un defecto, no acidez), agrio (esa punta a zumo de limón en la parte delantera de la boca, propia de una subextracción severa) y amargor (otro sentido distinto, que llega por el fondo del paladar).

Cuándo la acidez se tuerce

El café subextraído sabe agrio: solo se disolvieron los ácidos cítrico y acético, y no llegó detrás ni el dulzor ni el equilibrio. Se arregla extrayendo más: molienda más fina, más tiempo, agua más caliente.

Los granos mediocres o pasados saben planos: los aromáticos volátiles que le daban carácter a esa acidez se han apagado y queda solo el esqueleto ácido. Eso se arregla con granos más frescos y mejores.